El calor extremo ha dejado de ser solo una molestia de temporada para convertirse en un problema de salud pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que los golpes de calor son actualmente la principal causa de muerte relacionada con fenómenos climáticos, y que el aumento en frecuencia, duración e intensidad de las olas de calor expone a un número cada vez mayor de personas a enfermedades, hospitalizaciones y muertes evitables.
¿Qué es una ola de calor?
Una ola de calor es un periodo prolongado de temperaturas anormalmente altas, superiores a las esperadas para la época y la región, que puede durar varios días o incluso semanas. A diferencia de un día caluroso aislado, el riesgo de una ola de calor aumenta porque el cuerpo no tiene tiempo suficiente para recuperarse del estrés térmico entre un día y otro, especialmente durante las noches, cuando las temperaturas tampoco bajan lo suficiente.
¿Qué es un golpe de calor y por qué es peligroso?
El golpe de calor ocurre cuando el cuerpo pierde la capacidad de regular su propia temperatura interna, la cual puede superar los 39-40 °C. Es una urgencia médica real, no una simple insolación pasajera, y sin atención oportuna puede ser mortal.
Síntomas de alerta
- Confusión o desorientación
- Dolor de cabeza intenso
- Mareo o pérdida del equilibrio
- Temperatura corporal por encima de 39 °C
- Piel caliente, roja y seca (o, en algunos casos, sudoración excesiva antes de que el cuerpo deje de sudar)
- Náuseas, pulso acelerado o pérdida del conocimiento en casos graves
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
Aunque cualquier persona puede sufrir un golpe de calor, hay grupos especialmente vulnerables:
- Bebés y niños pequeños
- Personas mayores de 65 años
- Personas con enfermedades cardíacas, pulmonares o renales
- Personas con diabetes u otras condiciones crónicas
- Trabajadores que realizan actividad física al aire libre
- Personas en situación de calle o sin acceso a espacios frescos





